Como si fuera un discurso

Hoy, con estas breves palabras, trato de dar cuenta, qué es lo que ha pasado durante estas semanas de trabajo. [Semanas de trabajo que se cuentan desde el primer Corte de Tesis]. Este será entonces un nuevo intento. Un intento de re-escritura. Cada intento es un ejercicio. Un ejercicio de concreción, de concentración, de pensamiento, de comunicación, de reflexión. Primero: encontrar. Segundo: escribir. Tercero: Leer, releer. Stop and go.

Recuerdo cuando estaba sentado en mi taller, en estos talleres, haciendo un intento de escritura y de repetición. El intento consistía en escribir una y otra vez las palabras: un paisaje, una acción, un cuerpo, una representación. En la petición que le hacía a esas cuatro palabras, se fue configurando la imagen de una mesa y dos sillas. En el momento en que se sintetiza esta imagen, nace un nuevo estadio del proyecto, que lo puedo denominar un estadio de la conversación. Empecé a construir un dialogo con todas las líneas de pensamiento con las cuales había trabajo hasta ese (este) momento: el paisaje, como si fuera un centro de acción; los ejercicios de video y los ejercicios de fotografía; los estados reflexivos en los que entro cuando estoy frente a mi trabajo y en todas las ideas que han rodado sobre este proyecto. En ese diálogo, en esa conversación, hallé que un punto de atención que siempre había estado en todo lo que había pensado, era la insistencia en el lugar, en el entorno. Con el trascurrir de cada uno de los ejercicios, el punto de atención se concentró en la calle en la que he vivido desde hace ya más de una década. La escogencia de este lugar puede no ser casual. Pero el conocer y reconocer esta calle me permitió notar que, muchas de las ideas que trataba de poner en la palabra paisaje, las podía encontrar en la calle en la que he vivido.

Recordar que en esa calle hay una casa abandonada; que ahora hay menos moteles que los que había cuando llegué a vivir allí; que mi casa ha servicio como sede de varios negocios; que algunos otros negocios han perdurado con los años; que la Universidad Católica compró casi todos los predios de un lado de la calle; que frente a mi casa hay unos vecinos con una casa ambulante; que deben vivir unas 100 personas en el único edificio de apartamentos; que en la esquina de la 13 han funcionado varios bares; es ver que como un lugar va cambiando, se va construyendo y reconstruyendo, y ver como las personas también van cambiando, construyendo y reconstruyéndose con ese lugar. Una vez escribí que los lugares determinan las experiencias. Creo que una persona envejece como envejecen los lugares, que cambian como cambian los lugares. [Cuando volví a visitar la calle y el barrio en donde crecí, la impresión más fuerte que tuve fue que las dimensiones no eran como las recordaba: todo era más pequeño.]

Recordando, se vuelve a poner presente la experiencia que se tuvo frente a un lugar: Yo ya estuve allá, ahora estoy aquí.

Estoy trayendo aquí, recuerdos, palabras, fotografías, acciones, registros de lo que veo, de lo que se ve desde mi punto de vista, de la calle, de mi calle. Estoy trayendo aquí el punto de vista de una persona que habita un lugar.

Quisiera terminar con unas palabras de Georges Perec sobre su proyecto Yo me acuerdo que dicen:

“… en el trabajo sobre Yo me acuerdo, es que no soy el único que se acuerda. (…). Eso funciona como una especie de apelación a la memoria porque se trata de algo compartido. Es muy diferente de una autobiografía, de la exploración de los propios recuerdos, los importantes, los ocultos. Es un trabajo que arranca de la memoria común, de la memoria colectiva”.

Este proyecto, como lo que se ve, como lo que veo, (como el paisaje), son como sí una memoria colectiva nos rodeara y nos hablará de cada cosa que nos determina como habitantes de un mismo lugar, de una misma historia: la historia de la calle 48 entre 13 y Caracas.

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Haciendo lo que se puede, cada vez que se puede, con lo que se puede.